miércoles, 30 de marzo de 2011

Mi verdadero yo.

Y, de súbito, me perdí a mí mismo de vista.
Quizá se debiera a la luz de la luna. O quizá fuera la música nocturna. A cada paso que daba me iba adentrando más en el desierto de la profunda perdida del yo...
No era mi auténtico yo, sino un yo provisional hecho de estuco. Me pasé la palma de la mano por la cara. Pero no era mi cara. Aquella mano no era mi mano. El corazón me latía con fuerza.
Enviaba sangre a cada rincón del cuerpo a una velocidad demencial. Mi cuerpo era una figurilla de tierra a la que alguien había insuflado vida de modo provisional mediante un hechizo, tal como hacen los brujos de las islas de la India occidental.
Allí no ardía la llama de la vida. Lo único que había era el movimiento ficticio de unos músculos provisionales. Lo único que había, en definitiva, era una figurilla de tierra provisional que iba a ser destinada al sacrificio.
¿ Y dónde está mi auténtico yo ?, pensé.




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